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Federico Andahazi

 

SOBREMESA AL DESNUDO
(Breve crónica de la Reunión Internacional de Escritores de Lathi)

Por Federico Andahazi

Son las doce de la noche y el sol brilla en la bóveda del cielo reflejándose sobre un lago quieto. Adentro, apoltronados sobre los sillones, fumando y bebiendo, un grupo de hombres y mujeres desnudos conversan amablemente de literatura. La charla discurre en torno al concepto de “lo sagrado”. Se escuchan frases en japonés, en serbio, en dialectos rusos, en finlandés, se superponen el francés y el italiano, el español y el inglés, el alemán y el hindú. Descubro de pronto que yo también estoy desnudo. Y no siento pudor.
Esta escena, que podría ser el relato de un sueño, se repitió día tras día, durante las cuatro jornadas que duró la Reunión Internacional de Escritores de Lathi que, en este último encuentro, cumplió cuarenta años. Había autores llegados desde el Oriente, como el japonés Tokue Alba, desde Africa, como Lewis Nkosi, desde la India, tal el caso de Rajvinder Singh y Sudeep Sen, de América Latina, como el cubano Pedro Juan Gutiérrez y el autor de esta crónica. La lista completa de los participantes, cerca de cien, ocuparía la totalidad de este espacio, pero, a riesgo de cometer alguna injusticia, cabe destacar la presencia del sueco Per Olov Enquist, la francesa Dominique Sigaud, el húngaro Lazlo Krasznahorkai, el poeta italiano Claudio Pozzani, el inglés Stephen Watts y la danesa Pia Tafdrup. Y a lo largo de estos cuarenta años, pasaron por el encuentro de Lathi escritores como Gunter Grass, George Steiner, Salman Rushdie, Miguel Angel Asturias, Bernardo Atxaga y Mario Vargas Llosa, entre otros.
Lathi es una ciudad situada a cien kilómetros de Helsinki. El encuentro se celebra en Mukkula, una pequeña villa en las afueras de Lathi, cuyo paisaje podría compararse con algunos lugares del sur argentino cercanos a Bariloche. Durante esta época del año el sol es un amable castigo que no deja dormir. Cerca de las tres de la madrugada se produce un tenue ocaso que se funde con el amanecer y a las tres y media ya es pleno día nuevamente. La gente del lugar ya está acostumbrada a ver escritores sonámbulos caminando a la orilla del lago, recortados contra el crepúsculo, empinando un vaso de cerveza o una botella de vino que ayude a combatir el insomnio.
Cada año, la presidencia del encuentro decide un tema en torno al cual giran las ponencias y los debates. En esta última edición, la premisa que guió a los participantes fue “lo sagrado”. Resultaría imposible hacer siquiera un resumen de las ponencias y las discusiones, la mayor parte de las cuales pueden consultarse en el sitio www.mukkula.org. Pero, en términos generales, se abrieron tres líneas de argumentación: la primera afirmaba que lo sagrado es una categoría subjetiva que descansa en la conciencia de cada sujeto. La segunda, sostenida por los autores que se declaraban religiosos (los había budistas, católicos apostólicos, protestantes, ortodoxos rusos y animistas), ajustaba las categorías sagradas al corpus dogmático de sus respectivas religiones y, la tercera, incluía a los que opinábamos que lo sacro y la literatura se definen por oposición. Insisto, estas tres líneas están clasificadas no sin cierta arbitrariedad; sería imposible reflejar la constelación de puntos de vista expuestos.
Una vez concluidas las sesiones de debate, abandonándonos a las saludables costumbres finlandesas, íbamos al recinto del sauna y luego del baño de calor, continuábamos la conversación olvidándonos de que estábamos completamente desnudos.
El cierre del encuentro fue el ya tradicional partido de fútbol Finlandia contra el resto del mundo. Quizá no haga falta consignar que un italiano fumador, un inglés sexagenario, una arquera húngara que no superaba el metro cincuenta y un argentino asmático, fueron suficiente para derrotar por humillación al equipo local.
Pero tal vez lo más valioso del encuentro, más rico aún que las mesas redondas al aire libre y los debates, fue la confraternidad que se estableció entre los escritores, descubrir que la literatura es un territorio común ajeno a las fronteras, las distancias y la diversidad idiomática.

 
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